“MI REFERENTE BARCELONES HABIA SIDO SIEMPRE COPITO DE NIEVE”

Rodrigo Fresán es un escritor argentino que vive en Barcelona desde 1999. Con esta entrevista de lujo, festejamos nuestro primer año on line, y nos hacemos la pregunta que le hicimos a él, “¿Porqué elegir Barcelona para vivir?” Pretendemos inaugurar una serie de entrevistas que saldrán a lo largo del año, cada tres o cuatro meses, a escritores, músicos y artistas de distintos sitios, que eligen Barcelona como su lugar en el mundo…



¿Por qué elegiste Barcelona para vivir?


La gente, cuando dice “Sudamericano en Barcelona”, tiende a pensar automáticamente que uno está atraído por el fantasma del boom, la experiencia europea y las tertulias…, pero nada más lejano en mi caso… Aunque mi agente sea Carmen Balcells…Este es el único punto que puedo tener en común con otra generación…
De hecho mi principal referente barcelonés desde que era un niño había sido siempre Copito de Nieve*
… Cuando era niño, viajaban mis padres y yo les pedía que me trajeran postales de Copito de Nieve. Y después pasé varias veces por Barcelona a lo largo de los años, y nunca me decidía a ir a verlo… Tenía como un temor supersticioso… Finalmente lo fui a ver cuando me instalé aquí, en marzo de 1999, pero fue muy deprimente. Era tremendo, parecía Charles Bukowski, estaba como tirado boca abajo, como cubierto de vómito… Ya no era blanco, era como gris… Y lo más triste de todo, a nivel egoísta, es que me dio una pauta completamente ineludible, inevitable, del paso del tiempo: “Si Copito de Nieve está así, ¿cómo estaré yo?” Copito además nació en el mismo año que yo; pero los años “gorilescos” –o como se diga- creo que se multiplican por cuatro o algo así… Pero bueno, no era el de las postales; como yo probablemente ya no soy el de las primeras solapas de mis libros.
Como te decía, ni siquiera venía alimentado por esta fantasía –para mí completamente extraña, incomprensible- de venir a editar a España, o entender que editar en España para un escritor latinoamericano significa la consagración, porque generalmente es lo contrario, en el sentido de que si llegás a editar y no pasa absolutamente nada, es el fin de esa especie de quimera. Además, yo ya estaba editado aquí desde 1993, así que tampoco tenía esa asignatura. En realidad, vine por motivos muy personales: uno de ellos, desde el punto de vista profesional, es que yo ya llevaba muchísimos años en la redacción del diario argentino Página 12, adentro, más siete años en la redacción de una revista de una tarjeta de crédito… Entonces empezaba a sentir la fatiga de materiales, realmente… No sólo la fatiga de materiales, sino la fatiga de estar tragándome el humo de toda la redacción cuando yo nunca fumé en mi vida… Estaba un poco cansado.

¿Cómo fue el punto de partida de tu viaje a Barcelona?

Le propuse a Ernesto Tiffemberg, director de Página 12, venirme a Barcelona. Les pareció bien la idea, porque venir a Barcelona no es sólo cubrir cosas que ocurren aquí, sino todas las personas que pasan por Barcelona y a las que desde Buenos Aires no hay acceso… Yo también tenía ciertas conexiones aquí, tenía ciertos amigos, era muy amigo de Enrique Vila-Matas, amigo de Jorge Herralde –que fue mi primer editor aquí, en Anagrama-… Amigo de Beatriz de Moura y de Toni López que me editaban en Tusquets… Entonces, era un sitio interesante para venir, y lo ha sido.

¿Y qué te parece como ciudad?

Para mí ha resultado muy bien. Yo creo que los efectos benéficos de las ciudades en los escritores se miden en los libros que uno escribe en estas ciudades. Los dos libros que escribí aquí, más las revisiones que hice de otros libros, más el libro que estoy escribiendo ahora me gustan; entonces, por ende, me gusta Barcelona. Desde un punto de vista laboral, es una ciudad en la que me siento cómodo. Es una ciudad que para mí tiene un tamaño muy amable, muy humano. Es muy abarcable. Yo nunca tuve auto ni manejo, entonces es una ciudad que está muy bien conectada, hay muy buenos medios de transporte, se puede ir caminando básicamente a casi todos los lugares a los que yo necesito ir… Tiene mar y montaña –aunque no los veas, están-… Que una ciudad tenga mar y montaña te obliga a no pensar que tenés que ir al mar o a la montaña, entonces podés estar en tu casa sin verlos, sin ningún tipo de problema… Y después, a diferencia de otras ciudades, como puede ser Madrid o incluso Buenos Aires, Barcelona es una ciudad en la que hay mucha vida para adentro, en las casas o los pisos; no están las puertas abiertas indiscriminadamente… Yo soy una persona cada vez más fóbica y más neurótica, entonces me gusta eso, no sentirme obligado a estar yendo todo el tiempo a fiestas o hacer fiestas en mi casa… Yo salí muy joven de mi país… Entonces cuando te vas de tu país tan joven, uno no extraña, en el sentido de que te convertís en una especie de ciudadano del mundo, entonces te la vas arreglando para caer más o menos parado en cualquier parte… Yo cuando volví a Buenos Aires, en ningún momento sentí que volvía a mi lugar, sino que mi lugar podía ser cualquiera… Soy tipo Zelig en ese sentido, inmediatamente me puedo arreglar… Mi mujer, por ejemplo, es mexicana, y los mexicanos tienen una idea de la patria, tienen una idea de la familia, muchísimo más desarrollada que los argentinos… Siempre he defendido mucho como escritor la idea de que cada tanto hay que moverse, y cambiar el escritorio de sitio, y de ser posible, de país. Para mover un poco la pupila, mover un poco el tablero e incomodarse, incluso… Con esto no quiero decir que no comprenda ni admire a esos escritores que mueren en la casa en donde nacieron, y cuyo universo literario no pasa de los 100 metros en donde está esa casa… Me parece admirable… Uno de los escritores qué más admiro yo, que es Marcel Proust, básicamente es un hombre que estaba en su cama. Y que salía por la noche a ver qué veía por ahí, en París… Para mí, en ese sentido, Barcelona es una ciudad que está muy bien ubicada geográficamente, te permite desplazarte, hacer viajes pequeños sin gastar mucho dinero, y cambiar un poco las cosas.

En Barcelona conociste a Roberto Bolaño…


Yo llegué a esta ciudad y a los dos días éramos como amigos íntimos. Pasó como una cosa así rara, de ésas… Pero hablábamos más de “Gran Hermano” que de literatura. La verdad es ésa. Hay que aclararlo porque la gente tiende a pensar que se juntan dos escritores y están en la playa, junto al mar, y con la cabellera al viento, entonces uno dice “Baudelaire” y… No, la verdad es que hablábamos  mucho de cine malo; a los dos nos gustaba mucho el cine malo, ver películas malas, las que dan por la tele… A mí me gusta mucho incluso la literatura así, trash, de best sellers conspirativos… Yo soy un gran aficionado al género del Código Da Vinci por ejemplo. El Código Da Vinci es muy mala. Pésima, hay libros infinitamente superiores. Entonces hablábamos mucho de eso, y –bueno, el lo decía- nos repartíamos lecturas (el leía muchísimo). Entonces, muchas veces nos contábamos libros que el otro no iba a leer. Nos repartíamos como “zonas”: él leía Europa Oriental y yo leía Estados Unidos… pero éramos muy amigos, la verdad que sí. Igual que con Enrique (Vila-Matas), son escritores con los que yo me siento muy identificado, porque me parece que son lo que te digo, básicamente lectores, para los cuales las raíces de ellos no están puestas tanto sobre el terreno, sino sobre la biblioteca, ¿no? Creo que viene de (Jorge Luis) Borges, en el sentido de eso, de que la falta de tradición sea una forma de tradición, finalmente, y que pase la cosa por la biblioteca, por las lecturas. Eso del lector que escribe, es una cosa muy argentina también: está en (Ricardo) Piglia, está en (Julio) Cortázar… No es nada nuevo.

Con la inauguración de la biblioteca Jaime Fuster, presentaste la charla con Salman Rushdie…


A mí me pareció genial. Yo lo admiro muchísimo a él. A mí me gusta mucho, y me siento muy próximo –con las diferencias del caso- en un tratamiento de la cultura popular, y de la cosa pop, y del cine, y de la música, y de la cosa un poco esperpéntica y freak bastante similar… La pasé genial, la verdad es que estuvo muy bien, y después nos fuimos a comer… A mí me encantó hacerlo.

*Para los que no lo conocieron, Copito de Nieve era el gorila albino que vivió durante muchos años en el Zoo de Barcelona. Murió en noviembre de 2003, sin haber dejado ni un solo hijo albino…

Fotos: Pablo Trepat


   
   

El blog falso del “otro” Rodrigo Fresán


Hace un tiempo, alguien se apropió del nombre y obra de Rodrigo Fresán y montó un blog desde Barcelona. Haciéndose pasar por el escritor, contaba cosas de su supuesta vida y actividades. El verdadero Rodrigo Fresán recibió mails con insultos y otras cosas…
Como él mismo –el verdadero, no el otro- asegura “A veces cuando veo blogs, veo que va saltando mi nombre en contextos bastante extraños. Mis amigos se ríen porque me dicen que es lo de mis libros, que las cosas que yo escribo ocurren…” Por lo menos, ocurren en la realidad virtual…




Datos biográficos y obras

Nacido en Buenos Aires, Argentina, en 1963, el escritor Rodrigo Fresán también ha ejercido el periodismo. Ha escrito sobre gastronomía, música, cine y literatura. Actualmente colabora en el diario argentino Página 12 (www.pagina12.com.ar) y en el periódico español El País (www.elpais.es). Ha publicado Historia Argentina (1991), Vidas de Santos (1993, reeditado en España en edición revisada y aumentada en 2005), Trabajos Manuales (1994), Esperanto (1995), La velocidad de las cosas (1998), Mantra (2001), Jardines de Kensington (2003) y se encuentra preparando su próximo libro. Ha recibido numerosos premios por su trabajo.